martes, 16 de junio de 2009

UN MODELO PARA INNOVAR

Siguiendo el texto del profesor Roberto Carballo, Un modelo para innovar, como ya se ha comentado con anterioridad y en múltiples ocasiones, la innovación parte de la necesidad. Pero hay que tener en cuenta que nos encontramos inmersos en que si no existen necesidades, la sociedad de consumo las crea. Por tanto, la innovación no sólo se nutre de escasez, sino que se ve influida por múltiples factores, si bien es cierto que la necesidad hace crecer el sentimiento de superación.

Así, la necesidad se muestra como una condición imprescindible para la comunicación, pero por si sola no es nada. Ésta debe estar acompañada, por un segundo factor de vital importancia, por una idea, de sentido, de una estrategia, etc. Este factor es el que crea las condiciones de un desarrollo armónico, de un desarrollo integrado.

Continuando con aquellos factores que son necesarios para producir innovación, también se debe destacar la experiencia, que nos permite continuar aprehendiendo nuevos conocimientos. Es decir, ese anclaje a la realidad que nos permite no abandonar la tradición y los conocimientos ya adquiridos.

Nos encontramos, pues, en el punto de partida. Conjugando los tres factores (necesidad, sentido y experiencia) nos encontramos preparados para desarrollar un modelo de progreso, el camino que se dirige hacia la innovación.

Situados en la salida, se puede afirmar que la necesidad siempre parte de los clientes (siempre se denominan clientes, aunque desde mi punto de vista, podría diferenciarse, puesto que los receptores de cualquier proceso innovador no tienen porque ser clientes, aunque así se definan). Todo trabajo empieza por dichas “figuras”. Esta constituye la primera “C” del trinomio básico del modelo de Innovación: Cliente, Calidad, Comunicación.
La segunda “C”, la constituye la calidad. Calidad es base a un proyecto. Como ya se ha comentado, es necesario partir de un proyecto o idea y, es obvio, que esta tiene que tener calidad y sentido en relación al cliente. La segunda “C” podría definirse como la respuesta adecuada al cliente. El proyecto debe regirse por unas reglas del juego, sistemas de coherencia: respeto, positividad, mejora y colaboración.

La comunicación o, mejor dicho, la intercomunicación es la tercera “C”. Innovar es, en definitiva, generar espacio intercomunicados. La intercomunicación es un eje básico para poder establecer lazos comunicativos que ayuden a la mejora continua.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que no existe una fórmula mágica que nos muestre el camino de baldosas amarillas que debemos seguir si queremos llegar a un proceso de innovación. Aun así, mediante la experiencia podemos intentarlo, porque, en definitiva, la experiencia no es más que un “ensayo-error” de nuestra propia vida.

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