martes, 16 de junio de 2009

CONTRAPUBLICIDAD. INNOVACIÓN PARA LA DENUNCIA

Me gustaría, ahora, compartir algo que yo considero innovación.

Un movimiento social es una agrupación de individuos u organizaciones dedicadas a cuestiones político-sociales que tienen como finalidad el cambio social. Los movimientos sociales son movimientos de valores, que utilizan su capacidad de comunicación para ser escuchados, no sólo para ser oídos.

Los movimientos sociales emplean múltiples y variados mecanismos para conseguir sus objetivos (bien sean ecologistas, de reconocimiento identitario, etc). Son, precisamente, estos mecanismos los que nos muestran qué funciona y qué no funciona en una sociedad. Cabe destacar, que se está dando un cambio profundo en la propia cultura de movilización que modifica desde lenguajes y símbolos hasta la base epistemológica que sirve de enmarcamiento de la realidad. Es decir, la sociedad busca nuevos métodos innovadores que llegan a más personas y se oigan más alto.

Uno de los mecanismos, empleados por los movimientos sociales, es la protesta, que su vez, cuenta también con herramientas de diversa índole. Por ejemplo, el movimiento okupa utiliza, precisamente, la ocupación, entre otros, como un método de protesta.

La protesta puede ser individual (téngase en cuenta que la disconformidad siempre nace de forma personal) o colectiva. La primera, utiliza herramientas tales como el hombre pancarta o mensajes en camisetas; la segunda, se vale de quejas o peticiones, así como de manifestaciones. Sin embargo, los movimientos sociales, y la sociedad en general, ya no se conforma con un lema en una pancarta, los mecanismos de protesta van más allá.

La contrapublicidad es una de las herramientas, cada vez más empleada, de la que se valen los movimientos sociales. La revista contrapublicitaria Malababa define la contrapublicidad como una herramienta de resistencia y lucha contra los discursos y los abusos de las fuerzas de poder dominantes, contra los intereses de las grandes corporaciones, que se apropian y comercializan el espacio público, y contra las formas y dimensiones que adquiere la publicidad en un sociedad saturada de consumo y de valores mercantilistas.
La contrapublicidad emplea imágenes conocidas con un sentido diferente para lograr una postura estética o alcanzar una postura crítica por parte de la sociedad. Es decir, consiste en un asalto a la propia publicidad para provocar efectos subversivos. Es un intento de que la sociedad salga de su papel de receptora de mensajes o de compradora de mercancías y de retomar el debate público sobre su significado político o social.
Para definir este concepto de una manera más global, tomamos un cita de Roland Barthes: ¿Acaso la mejor subversión no es la de alterar los códigos en vez de destruirlos?

¿No es acaso la contrapublicidad un mecanismo de protesta totalmente innovador? En mi opinión, lo es. Nace de la necesidad de denunciar la sociedad de consumo en la que nos encontramos inmersos, eso sí utilizando sus mismos métodos, englobando creatividad, innovación y denuncia.

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